Yerba Mate, el Oro Verde Jesuita

Fue en esas montañas de Mbaracayú -norte del Paraguay- donde los Jesuitas procuraron las semillas del Ilex Paraguariensis para plantarlas en sus Reducciones en el S. XVII pero existía la dificultad de que las semillas no germinaban, y no fue sino hasta después de pacientes y largas pruebas que el cultivo y la reproducción de la yerba en plantaciones artificiales se logró; finalmente los padres Jesuitas habían encontrado un sistema de fecundación y fueron los primeros en iniciar los cultivos sistemáticos de la yerba, hasta que los expulsaron de todas sus posesiones en 1767.

Desde la América precolombina, hasta el presente, la yerba mate o “hierba del Paraguay”, como la denominaron los jesuitas, tuvo una larga y azarosa trayectoria. Fue ponderada y criticada, aunque siempre tuvo un fuerte arraigo popular. Junto al té, el café y las hojas de coca, el mate fue rápidamente adoptado y quedó como la bebida nacional de casi todos los sudamericanos y si se tuviese que elegir un símbolo incuestionablemente común a todos los países del Mercosur, podría optarse por el mate, ya que no se limita a los sectores populares, observándose su extendido uso en todas las capas sociales.

El premio Nobel Argentino Bernardo Hussay decía que el principio activo que contiene la yerba mate es un estimulante que favorece al organismo, levanta la moral y aumenta las fuerzas. Cuando los españoles, recién llegados a América conocieron el mate, lo consideraron un vicio degradante, porque lo tomaban especialmente los hechiceros guaraníes durante sus actos rituales. Incluso fue prohibido por el gobierno y castigado con la excomunión. Pero un gobernador criollo y un obispo en Asunción, se las ingeniaron para que las penas fueran levantadas, ya que ellos habían contraído “el vicio” desde pequeños. Los sacerdotes jesuitas preparaban té o infusión con la yerba y trataron por todos los medios de desterrar la costumbre del mate en calabaza, al considerarla pecaminosa. Su lucha fue inútil, ya que conviven ambos estilos hasta hoy. Con la expulsión de los Jesuitas sobrevino la decadencia de los yerbales y las tentativas para restablecer las plantaciones no tuvieron éxito sino hasta 1911, en que comienza a expandirse el 2 cultivo hasta nuestros días y en la actualidad la producción ha ido creciendo en cantidad y variedad: yerba con y sin palo, con hierbas, saborizada, y otras.

Identificado con la tradición, el mate se transforma, al margen de su carácter alimentario, en una verdadera simbología representativa, que en muchos casos todavía se sigue manteniendo, en particular en zonas alejadas del interior de la capital de los países en que se consume. Algunas narraciones del siglo XIX, reflejan con extraordinaria fidelidad rasgos esenciales del medio y del ambiente, y cuánto significaba el mate para el gaucho. Al visitar las ruinas jesuitas en 1903, observa Leopoldo Lugones: “Una extraviada planta de yerba trae a la mente, como recuerdo impreciso, la pasada historia”.

Fuente: IWG – Janine Mayer – Yerba Mate oro verde jesuita

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