Nuestro mate se convierte en un “boom” mundial

En los últimos años, la infusión típica del Río de la Plata se ha puesto de moda. Lo toman desde estrellas internacionales hasta familias de Medio Oriente. Las causas de un fenómeno que llegó para quedarse.

Muchos países comienzan a adoptarlo como bebida cotidiana, aprovechando sus bondades y riquezas nutricionales.

En los últimos años, nuestro tradicional mate ha cruzado las fronteras para convertirse en un boom mundial.

Además de argentinos y uruguayos, otros países comienzan a adoptarlo como bebida cotidiana, aprovechando sus bondades y riquezas nutricionales.

Mucho ha tenido que ver el hecho de que personalidades internacionales comenzaron a tomar mate, haciéndolo famoso en el mundo entero. De hecho, es el secreto de bienestar de la modelo brasileña Gisele Bündchen, y la fuente de energía del futbolista francés Antoine Griezmann.

También ha contribuido a esta expansión el hecho de que un consorcio internacional de empresas tecnológicas está evaluando si el mate se merece un emoji global. Unicode es la organización internacional que aprueba los emojis que llegan a nuestros celulares. Para ellos, es necesario que el conjunto de símbolos sea representativo e inclusivo de personas de todas las culturas, géneros, identidades y creencias.

La popularidad del mate en la región y en el mundo es uno de los principales motores que empuja su candidatura global y lo puede convertir en el primer emoji sudamericano en salir al mundo. En junio de 2019 se develará el misterio.

En varios países de Medio Oriente, muchas personas han comenzado a prepararlo. Los sirios, por ejemplo, lo conocen desde el siglo pasado y en los últimos años ya lo consideran parte de su cultura.

“Lo bebemos en pequeños vasos de vidrio tradicionales para el té y con bombilla. Cada uno tiene su propio vaso. Para mí es algo diario, una rutina. Bebo mate cuando estudio, y con mi familia y amigos nos sentamos a tomarlo después de las siete”.

A diferencia de Argentina, los sirios no comparten el mate, sino que cada uno lo toma de su vaso de vidrio. Además, cuando abren el paquete, curiosamente lo hacen siempre al revés.

Pero el fenómeno excede Medio Oriente. El Mundial de fútbol de Rusia fue una gran vidriera para la bebida preferida por los argentinos. Futbolistas ingleses, franceses y coreanos descubrieron en el mate un complemento esencial, y muchos de ellos lo llevaron a sus países.

De hecho, cada vez en más supermercados del mundo es posible encontrar y comprar paquetes de yerba argentina.

Entre enero y octubre, Argentina exportó 37,8 millones de kilos de yerba mate, lo que constituye un récord histórico, según datos del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM).

Ello representa un crecimiento interanual del 41 por ciento (11,4 millones de kilos más en comparación con 2017), cuando a esta altura del año la cifra acumulada era de 26,5 millones de kilos.

“Es claro que, en parte, la razón del boom matero en el último Mundial de fútbol fue porque los jugadores sudamericanos supieron ser embajadores de esta bebida, entre ellos los jugadores argentinos. Pero también tiene que ver con que el mate y el fútbol están hechos para juntarse”, dijo Valeria Trapaga, sommelier especializada en cata de yerba mate y embajadora de la marca Taragüí.

La particular forma de consumir el mate y la mística que lo acompaña llegaron a nuestros días legadas por los aborígenes guaraníes. Para ellos, “la yerba no era sólo un alimento estimulante, sino también una medicina, un bien ritual y medio de adivinación”, recuerda Trapaga mencionando el libro Caá Porã, de Pau Navajas, que recorre la historia de la yerba mate desde sus orígenes hasta la actualidad.

En su obra, el autor se adentra en el simbolismo de este rito social: “Significa, ante todo, el reconocimiento del otro como un igual. Acaso sea ese el mayor de los encantos que ofrece el mate, una experiencia que aprendieron a disfrutar los antiguos habitantes del Plata unidos alrededor del fuego; algo que se transmite y parece hacer contacto en la sutil espesura de su inconfundible sabor”, cuenta Trapaga.

El mundo, ahora, también lo sabe. Y lo disfruta.

Fuente: Gabriel Esbry / La Voz

 

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