Las virtudes del mate: cómo el amor a la infusión une a Argentina y Siria

Tomar mate, infusión de esta yerba oriunda de la selva del río Paraná, es una tradición reconocida en Argentina, Paraguay, Uruguay y Brasil. No obstante, Siria adquirió esta costumbre gracias a la inmigración, y hoy compra el 80% de las exportaciones de este producto regional.

El mate en Argentina y Uruguay es más que una costumbre, es un estilo de vida. Se toma a toda hora, en ayunas, con el desayuno o la merienda, entre comidas, como digestivo nocturno. En la banda oriental no es extraño ver a las personas caminando con el termo de agua caliente adherido cual prótesis bajo el brazo, y en el país austral, la ronda de mate compartido es sagrada como el ritual de una religión pagana pampeana.

Se bebe mate, en su versión clásica, amargo, aunque hay quienes lo prefieren endulzado, como infusión, servida la yerba (hoja seca molida) suelta dentro de un recipiente también llamado mate o porongo, tradicionalmente hecho de calabazas disecadas y ahuecadas, en el que se introduce una bombilla de metal, a través de la que se succiona, y que funciona como filtro.

Kassab es originario de la ciudad de Yabroud, ubicada a 80 km al norte de Damasco, capital siria. Conoció el mate a la edad de cinco años, gracias a su tío paterno, quien había migrado a Argentina unos años antes. «Uno de los primeros que llevó el mate a Siria», aseguró.

La inmigración sirio-libanesa comenzó hacia fines del siglo XIX, a la par de las primeras grandes oleadas de inmigración europea que recibió el país austral, entre los que destacan el éxodo español e italiano. Hacia principios del siglo XX, la mitad de la población argentina había nacido en el Viejo Continente y Oriente Medio.Los descendientes de árabes son considerados como el tercer grupo de origen inmigrante en Argentina, después de los italianos y de los españoles, según un informe publicado en 2011 por las investigadoras Solène Bérodot y María Isabel Pozzo, del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet).

Historia de un amor compartido

Omar migró por su cuenta a Argentina en 1986, motivado por la demanda que tenía la yerba en Siria. Aquí ya vivían dos tíos y un hermano mayor, que fueron los primeros en mandar un contenedor con paquetes de yerba comprados a productores locales. Kassab y un amigo suyo decidieron armar una empresa propia, en busca de una producción de la más alta calidad, destinada a la exportación.

Hoy Siria recibe casi el 80% de los kilos de yerba mate que la Argentina exporta anualmente, y le siguen marginalmente Chile y El Líbano. El año pasado, las exportaciones sumaron 42,9 millones de kilos, lo que implicó un crecimiento interanual de 7,78%. El consumo interno alcanzó los 268,8 millones de kilos, 1,54% menos en comparación a un año atrás.

Argentina es el principal productor y exportador de yerba mate del mundo, con cosechas anuales de casi 840.000 toneladas por año, seguido por Brasil, según indica la organización Yerba Mate Argentina.Además de estos países, también se consume la bebida con el nombre de tereré en Paraguay, generalmente con agua fría, y en Uruguay, país con el mayor consumo per cápita registrado, de unos 10 kilogramos anuales. También se consume en los estados del sur de Brasil.

«Los primeros inmigrantes que llegaron, después de la década de 1950, cuando volvieron para Siria, se llevaron el mate de acá para consumir ellos mismos. Convidaron allá el mate, le gustó a la gente y así empezó el envío de a paquetes de un kilo», dijo a Sputnik Omar Kassab, director de la empresa Yerbatera Hoja Verde, con plantaciones en la provincia de Misiones, en el noreste argentino, cuya producción tiene como uno de los principales destinos a su madre tierra.

«En Siria se toma mucho té y café y el mate entró justo para los espacios sociales, en reuniones donde la gente se junta a charlar, como por ejemplo entre mujeres, acompaña muy bien los dulces árabes, y además dura más que una taza y da energía, por eso pegó muy bien allá», comentó Kassab.

«Empezó en un pueblo, se pasó a otro pueblo, de ahí a las ciudades y hoy está en todo Siria el mate. Hay algunos lugares donde se convida igual que acá, antes de la pandemia, por supuesto, solo que se toma en un vaso chiquito de vidrio, dulce y amargo, de las dos maneras. En la costa siria no se acostumbra a convidar la bombilla y cada uno lleva la propia en el bolsillo a todas partes», narró.

Fuente: Francisco Lucotti – mundo.sputniknews.com

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