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La historia de un amor o por qué Siria y Uruguay no pueden vivir sin mate

Son las nueve de la mañana del 3 de abril en Moscú. Los habitantes de la ciudad se preparan para el primer día de la semana, que es además el primer lunes del mes. La temperatura en la capital moscovita no supera los 5 grados; la lluvia primaveral remplaza ya la nieve invernal que se despide poco a poco de la ciudad.

En esta fría mañana cuatro personas de dos mundos completamente diferentes, realizan, sin embargo, un ritual que une sus destinos, aunque hasta el día de hoy ellos no se lo imaginaban.

Por un lado tenemos a Javier Benítez, presentador uruguayo, quien recorre cada día los pasillos de la sede de Sputnik Radio en Moscú con un mate en la mano, el mismo que lo ha acompañado en los distintos países donde ha tenido la suerte de trabajar. Por otro lado, tenemos a Mans Matni, Jhony Elias y Azdashir Musa, tres corresponsales sirios de Sputnik Árabe, quienes aprovechan las pausas de su trabajo para disfrutar del mate, una bebida que conquistó Siria en el siglo XX.

Por iniciativa de Sputnik, estas cuatro personas se han reunido para disfrutar de un mate y descubrir, para su asombro, que esta bebida es un punto de encuentro entre el país árabe y los países del cuenca de la Plata.

El mate, una historia de varios siglos

Al sentarnos a la mesa, Javier toma la iniciativa y empieza a contar la historia de esta bebida a sus colegas sirios. Con la actitud y la voz de una persona con años de experiencia en la radio, él nos revela cómo surgió el mate entre los indígenas guaraníes en Paraguay, desde donde se extendió hacia el sur de Brasil, Argentina, Chile y Uruguay.

Cada uno de estos países ha adoptado su propia forma de beber mate, nos explica Javier. Por un lado los paraguayos, quienes suelen tomarlo frío, con agua o jugo de frutas; por otro lado los argentinos, quienes disfrutan del mate caliente, con azúcar y mojando la yerba completamente; y por último los uruguayos, quienes toman su mate sin dulce, cebando el mate lentamente, para no dañar el sabor de la yerba.

Esta bebida, prosigue Javier, tras haber sido adoptada por los gauchos que recorrían las llanuras de la región, fue penetrando poco a poco en la vida de Uruguay, y adoptada por los emigrantes europeos que llegaron a la región, huyendo de las guerras o en busca de una mejor vida.

La palabra ‘emigración’ despierta el interés de Mans Matni, quien toma la palabra para explicar que el mate llegó a su país de la mano de las personas que en el siglo XIX abandonaron Siria y viajaron a América Latina, para luego volver a su patria en las primeras décadas del siglo XX.

Nuestros colegas nos explican que el mate es parte vital de la vida de cada sirio desde su infancia. Los más pequeños suelen tomar mate con leche y un poco de azúcar, y con el paso del tiempo se van adaptando al sabor de la bebida en agua.

Mate con acento oriental

Pero la distancia y el paso del tiempo han tenido sus efectos en la manera de tomar mate en Siria: en algunas regiones de ese país, especialmente al occidente y al norte de su geografía, las personas suelen tomar mate en pequeñas copas de vidrio, en lugar de usar el famoso porongo empleado en los países latinoamericanos.

Además, los sirios no tienen problemas a la hora de darle un toque oriental a su bebida, añadiendo un poco de cardamomo molido —una planta de la familia del jengibre— o mojando la bombilla con un poco de limón.

Pero más allá de las diferencias, los invitados de Sputnik están de acuerdo en una cosa: el mate es una bebida social, un elixir capaz de unir a personas de todas las edades, todos los colores, todas las razas y de cualquier país.

“El mate ha sido muchas veces comparado con la pipa de la paz. A diferencia de otras bebidas, el mate se comparte. El mate es comunión, reúne a la gente. Uno toma mate, lo ceba, se lo pasa a otro y así. Esa es la ‘rueda de mate’, como se la conoce”, explica Javier a sus interlocutores.

En Siria, explica Mans, también existe este ritual, aunque solo en las regiones del sur. En otras regiones, es común que cada persona tenga su propia calabaza y su propia bombilla. Sin embargo, el proceso social con ayuda del mate se consigue también a través de la comida que acompaña a la bebida, que en siria consiste de pistachos, nueces y semillas.

Pero una historia más demostró a nuestros invitados uruguayos y sirios la unión de sus pueblos a través del mate.

Javier cuenta a sus colegas que en ‘la rueda de mate’ no se suelen decir palabras de agradecimiento a la hora de recibir el mate. Por el contrario, si una persona dice ‘gracias’ al recibir el porongo, es una señal de que no quiere más mate.

Esta pequeña historia ilumina los ojos de nuestros amigos sirios, quienes no demoran en contarnos su parte de la historia.

“Existe una palabra en nuestro idioma que, a pesar de ser usada constantemente, tenía un significado que yo no entendía, hasta que no me enteré que en español existe la palabra ‘gracias’ —explica Mans—. Nosotros tenemos la palabra ‘karasi’. Cuando estamos tomando mate y decimos esta palabra, ‘karasi’, significa que no queremos más. Y es una palabra que se usa únicamente a la hora de tomar mate y en ninguna otra parte”.

Así, entre mate y mate, nos damos cuenta de que las redacciones de Sputnik, en más de 30 idiomas, en diversas ciudades alrededor del globo, tienen más cosas en común de lo que hubiéramos creído. Y la prueba de que el mate es una bebida social, una pipa de la paz moderna, queda demostrada cuando nos despedimos llenos de energía, con una sonrisa en la cara y con una foto para el recuerdo.

Fuente: mundo sputniknews

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