Esa muy peculiar relación con el mate

Compartimos el relato de Nathalie Kantt publicado en La Nación, sobre el mate en Uruguay y la gran relación que establecen los uruguayos con su bebida preferida

MONTEVIDEO.- Una tarde esperaba a una nueva amiga uruguaya para que me acompañara en una recorrida periodística y me hizo aguardar un buen rato. “Espera que estoy haciendo el mate”, me repitió dos veces, al ver que yo daba vueltas, un poco ansiosa. Le pregunté qué tanto tenía para hacer y, como no respondía, me acerqué. La vi ordenar meticulosamente un termo, un mate con bombilla y una bolsa de yerba en un bolso especial de cuero que se colgó al hombro. Estaba preparando un mate móvil.

Me acostumbré muy rápido a ver a los uruguayos con el mate bajo el brazo, casi una extensión del propio cuerpo que llevan donde sea. Termo y bombilla los acompañan a pagar cuentas, a comprar una pilcha en un shopping, a la playa, a la puerta de la casa mientras miran a la gente pasar. Me acostumbré rápido porque tienen una cadencia que hace que nada parezca fuera de lo común ni extraordinario, pero me doy cuenta de que lo es cuando vienen amigos a visitarme y me hacen la observación.

El mate no discrimina. Acompaña a la chica de flequillo decolorado, a la de short de jean y pierna tatuada, al señor con una panza que señala sobrepeso y también a los padres con cochecito que se turnan. Mientras uno ceba, el otro empuja.

Aquí, la quemadura con agua caliente es una herida frecuente de los uruguayos, combatientes de la promoción de las pausas. Forma también parte del aroma de la ciudad, sobre todo cuando se pasa cerca de bolsas de basura donde queda estancada la yerba mojada, y acompaña así al olor de las ineludibles parrillas.

Pregunto por qué van con el termo todo el día y a toda hora. Me explican que es una manera de hidratarse, que es como tomar agua todo el tiempo, que sirve para cortar el hambre. Nadie suele responderme “por costumbre”, quizás porque quienes la mantienen lo hacen con gusto y con un cierto amor hacia esa tradición. Al termo, de hecho, lo agarran como si atesorara todos sus secretos: no con la mano sino con todo el brazo e incluso con parte del cuerpo.

Me enseñan que, cuando el matero lleva termo y mate de un mismo lado, bien acurrucado, es mala señal para el amigo, el vecino o la novia al que se le antoje una mateada. Ese momento de total apropiación suele ser a la mañana, cuando se toma el primer mate y no se lo quiere compartir con nadie.

El mate puede ser el programa de una tarde en la Rambla. Las parejas salen, sillas y termo en mano, y se acomodan de frente al mar. A veces, cuando entablo una conversación informal sobre las actividades del fin de semana, más de uno responde: “Acá, con el mate en la Rambla”. No lo viven como algo pasajero. No se asemeja a un cigarrillo, a un café, al chequeo de WhatsApp. El mate es para los uruguayos un fin en sí mismo.

Fuente: La Nación

 

 

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