El mate

El mate es una de las grandes instituciones de algunos países, que pocas veces ha merecido un reconocimiento en el arte, salvo en algunos aspectos del folklore.

Sobre todo del folklore de la zona del litoral aunque el mate se toma en todos lados. A uno se lo pueden servir en Brasil, en Rio Grande do Sul, por ejemplo, o en cualquier lugar de Uruguay y Paraguay, o en Misiones, Corrientes, Entre Ríos, Formosa, Chaco o Santa Fe. Son los lugares donde prolifera y donde existen distintos sistemas de cebarlo y aderezarlo.

El mate no es sólo una infusión como dicen los entendidos en infusiones, el mate es un medio de comunicación. Muchas de las cosas importantes que hemos dicho en la vida, animosidades, secretos, informaciones, las hemos dicho con un mate en la mano. Parecería más fácil decir si el mate está presente. El mate es propiciador de las confesiones.

El mate no se toma porque uno tenga sed. Es una costumbre que tiene que ver con el beber, pero también tiene mucho que ver son la conversación, o a veces con el silencio cuando el mate tiene más para decir que lo que tiene uno.

Es exactamente lo contrario a la televisión: te hace conversar si estás con alguien te hace pensar si estás solo. En una ceremonia de bienvenida, después del saludo, la pregunta “¿gusta unos mates?”, es lo habitual. Nos abarca a todos, a los viejitos de un geriátrico o los adolescentes mientras estudian, a los vagos del taller, a los compañeros de oficina, a la modista en sus ajetreos, al cura en sus menesteres. Nos iguala a todos, ricos y pobres, víctimas y verdugos.

Cuando uno conoce a alguien la invitación seguramente incluye un mate:  “Si querés te venís a casa y tomamos unos mates”. Los teclados de las computadoras argentinas tienen las teclas llenas de yerba. Yerba es lo que hay siempre en todas las casas, salvo en el tango de Discepolín, al que no le quedó ni yerba de ayer secándose al sol. Y si no hay yerba pedís y te dan porque la yerba, como el saludo, no se le niega a nadie.

Ninguno de nosotros nos acordamos del día en que tomamos por primera vez un mate solo, pero debe haber sido un día importante para cada uno. El sencillo mate es nada más y nada menos que una demostración de valores. Hasta tiene un código que conocen las viejas sabedoras del campo: si está frío quiere decir algo, si tiene cascaritas de naranja quiere decir otra cosa, si está muy caliente también tiene su significado.

Uno se banca el mate lavado porque la charla es buena, el mate no, pero sí la charla. El mate hace respetar los tiempos de la charla, vos hablás mientras el otro toma, y viceversa. Impone respeto. Es la hospitalidad de la invitación. Es la justicia del uno por uno. Es la obligación de decir gracias por lo menos una vez al día.  Es la actitud cálida de encontrarse sin más pretensiones que compartir unos tragos.

Si hay un mate podemos soñar,

conversar, discutir, hacer silencio

todo le viene bien a la bombilla,

uno sirve cuando sirve un mate

sirve de bienvenida o despedida.

Cuando nos juntamos alrededor del mate

cumplimos una ceremonia milenaria

y le damos a los labios la oportunidad de que besen

y le damos al tiempo el exacto tiempo de la espera tibia.

Sírvame uno, compadre,

Hoy tengo ganas de compartir la vida.

Fuente: JORGE SOSA – Diario Jornada – Jornada Online.com

 

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