Cortitos

Valeria Chiado: “Yo vivo en España y cada vez que doy a probar mate me las veo negras para explicar cómo tragar sin quemarse la lengua y la garganta. Todos se queman, chupan una vez y dicen “ya terminé” y el mate aún está lleno jajaja”

Ángeles Rafaela Benítez: “Una tardecita de mucho frio llegaba de trabajar, mi papá fanático del mate, me decía: ‘vení mi hija, tomate unos matecitos’. Lo tomaba bien caliente, fue así que me empezó a gustar. Gracias a mi papi, hoy soy una fanática del mate

Nelson Altez: “Hace unos cuántos años un día me agaché a tirar la yerba al mate, y cuando me enderecé quedé duro, no podía caminar casi y en mi casa se reían, ahí fue el inicio de los dolores del ciático, que hoy en día hay que cuidarse”

Cynthia Miu Rivera: “Recuerdo cuando tenía 15 años, con una amiga Vanessa Ahumada Yañez se nos ocurrió tomar mate, estábamos de lo mejor tomando mate, cuando llega una tía de ella y nos pide uno. Cuando lo prueba, nos dice que lo que tenía era orégano y no yerba, ¡es que en apariencia son iguales! y a la final estaba rico jaja”

Francisco Martínez: “Haciendo de acompañante de chofer del camión que conducía mi hijo de Longchamps a Tandil (266 kilómetros),  viajábamos de noche 20 hs hasta aproximadamente. A las 11 de la mañana siguiente, me dice: ‘viejo, hacete unos mates’; ¡Dios mío! nunca cebé tantos mates en mi vida, no me decía ‘gracias’ nunca,  y cuando íbamos por el termo número 18 abrí la ventanilla y tire el mate y bombilla a la ruta, y dije: ‘¡Uy! se me cayó’. Ya estaba verde, ¡parecía el increíble Hulk!”

María Del Carmen Ruiz: “Mi mamá cebaba mate en el campo de mis tíos en Santiago del Estero, Argentina, y allí la gente hablaba poco, solo se saludaban con un ‘buen día señora`’ y ‘gracias señora’. Después de varios días, entrando en confianza, un paisano le dijo a mi mamás: ‘gracias señora, ¡muy fiero su mate!”

Enri Leo: “Soy salteña y adicta al mate y ahora Vivo en California -Usa. Mi amiga Wi, que es Alemana y casada con un holandés, quedó fascinada con el primer mate q le ofrecí. ¡Me dijo que era único y delicioso! Desde ese día cada vez que nos visitamos tomamos mate, como con mis amigas en Argentina.

Pero lo más interesante es que ella desde hace casi un año, ¡toma mate todos los días! Le regalé mate de madera, bombilla, un paquete de yerba…¡Toda una loca por el mate! Dejó el café por el mate e integró culturas, porque al mate lo endulzaba con cristales de azúcar alemanes”

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